tiene buena memoria

Enrique ZILERI, periodista

El narrador de la historia: Enrique Zileri

Enrique Zileri, director del semanario más antiguo del Perú, y periodista ejemplar falleció el 25 de Agosto a los 83 años

"Yo, en todo caso, soy un periodista autodidacta neto."

Apuntes para el discurso de recepción de Honoris Causa

Publicado: 2014-08-26

Para los lectores avezados, el verdadero héroe de las novelas es el narrador. Esa voz mágica e inefable que de una manera u otra manipula a sus lectores y consigue hacerles ver el destello de humanidad en el malhechor despiadado y la misericordia inesperada en el asesino irredento o la desapercibida bajeza y mezquindad en un gran héroe. Es el narrador quien arma y acomoda las vicisitudes de los personajes que nos deleitan para que al final, éstos, muchas veces, parezcan más reales y vividos que los hombres y las historias que les subyacen. 

Enrique Zileri, periodista y director de una de los más antiguos semanarios peruanos, sin ser novelista, tenía esa voz. Quizá la descubrió en algún momento de su solitaria niñez, como colegial itinerante en opulentos colegios limeños, confinado en internados en Chile y Estados Unidos y alejado de la madre arequipeña, la legendaria directora de Caretas, Doris Gibson Parra. Quizá esa voz, fue un refugio para el niño que conoció a su padre, un diplomático argentino, por primera vez sólo a los 10 años, en una comida en un hotel de lujo. Esa voz se convirtió acaso en distancia definitiva cuando se enteró que su acomodada familia no tenía dinero suficiente para pagarle los estudios en la Universidad de Cornell.

Con el porte y talante de un playboy latino, se paseó como una especie de Gatsby criollo por la Europa de la posguerra. Más que las teorías intelectuales, le interesaban las personas. Más que las doctrinas políticas le interesaban el impacto de los políticos y de sus ideas en la vida diaria de la sociedad. Arrancaba la década de los cincuenta, y Enrique se formaba como intelectual, viajando en los desvencijados trenes de la España de Franco. Fue ahí cuando un estilo y una forma se encontraron con la voz del joven díscolo para dar forma a lo que sería su estilo periodístico por excelencia: la crónica periodística.

Volvió a Lima a completar su formación práctica: desde una oficina de la revista fundada por su madre, con el pomposo título de Jefe de publicidad aprendió que para la sobrevivencia de un periodismo independiente era absolutamente necesaria la solvencia económica. En ese Perú de mentalidad y talante oligárquicos, con una capacidad lectora microscópica y, con una clase dirigente prácticamente analfabeta, Caretas, fue haciéndose un lugar en el establishment cultural y político de la época: sus críticas y denuncias a los políticos eran leídas y toleradas porque algunas páginas más adelante, esos mismos políticos, con sus mujeres e hijos eran retratados en hipódromos e iglesias, participando en emperifolladas fiestas de bodas, celebrando bautizos y fandangos. En esas fotos y comentarios sociales hay casi siempre un imperceptible toque irónico, una distancia que hacía notar al lector: este mamarracho es una caricatura de Hollywood. Fue en esos años, cuando Enrique Zileri se dio cuenta que un periodismo serio y responsable podía coexistir, en una especie de sinergia imposible, al lado de lo que él llamaba la fauna limeña compuesta por clase dirigente peruana.

Todo héroe necesita grandes desastres y enemigos temibles: Enrique Zileri vivió su época dorada durante los doce años de la dictadura militar. Fue la época de persecuciones y deportaciones, de los cierres de Caretas, de las ediciones clandestinas. Leer Caretas para muchos peruanos fue una señal de protesta ideológica, para muchos otros seguramente era un distintivo social o la posibilidad de encontrarse fotografiado en una fiesta con los amigos del club. Es verdad que Caretas fue de alguna manera el primer Facebook de los peruanos, pero Enrique Zileri se las arregló para que al mismo tiempo, en esas cuarenta páginas se pudiera leer análisis serio sobre la vida política y conocer mejor la realidad social peruana.

A diferencia de otros directores de medios, Zileri no hacía uso de editoriales firmadas. Sin embargo en las primeras páginas de Caretas dedicadas a comentarios sobre la actualidad peruana se notaba el verbo, la ironía, la distancia y el humor de la voz del periodista que siempre escribía desde el interior de la noticia, aprovechando esa convivencia social con los actores. Sus breves pero enjundiosas respuestas en la sección de Cartas, revelan la personalidad intelectual de un hombre desapegado de prejuicios ideológicos, con un gran sentido práctico para juzgar los resultados de la vida política. Supo reconocer tempranamente el talento de periodistas y escritores a los que generosamente prestó sus páginas.

Quizá se pudo equivocar muchas veces apoyando a tal o cual político, pero siempre lo hizo con honestidad y transparencia hacia sus lectores. Sus enconos e intransigencias fueron siempre contra la injusticia y el abuso del poder. Se consideró más que un comentarista de la realidad política, un rondero de la noticia, un galeote de la actualidad, un albañil más que un arquitecto ideológico.

En un país, en el que la figuración intelectual tiene muchas veces como objetivo el poder político, siempre defendió la independencia de la prensa y advirtió hasta el final del peligro actual de la acumulación del poder económico para la independencia de opinión de la prensa peruana. En 2011, recibió el título Honoris Causa por la Universidad Católica de Lima, y su discurso fue mucho más breve que las palabras que había escrito. No por falta de tiempo, o por falta modestia, sino por esa firme convicción de que la voz del periodista solo alcanza su verdadero objetivo cuando resuena en la mente de sus lectores.


Escrito por

jorge yui

Colecciono y cuento historias de libros y bibliotecas, mías y ajenas. Pero sobre todo me gusta leer. En Twitter @librogramas


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Librogramas

Crónicas y artículos sobre libros leídos o imaginados